Deep Listening
- danzasimposibles
- 16 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Desde la escucha resuelvo que realidad está hecha de capas. Al principio pareciera que hay un hilo conductor, un retorno, un foco, un centro, un elemento dominante o condicionante. Al principio parece. Esa es la historia que nos contamos. La realidad organizada y jerarquizada. Basta permanecer un poco más, insistir, agudizar la atención, o dejar que esta se asiente y se vuelva pesada, para darse cuenta de que este centro es solo una ilusión. No hay principio organizador. No existe la linealidad, todo ocurre al mismo tiempo en armoniosa complejidad. El sentido de la experiencia surge de la interacción entre las cosas, que nunca es adivinable y no privilegia, y del como estas se acumulan a través del tiempo y el espacio. La estructura es solo relación. La escucha es cinematográfica, fragmenta la realidad, destruye el mito de la única historia. Parece cinematográfica porque incluso en esta sucesión y fragmentación la mente busca siempre atrapar el sentido, tejer una dramaturgia, construir, edificar. Diseñar una secuencia imposible de diseñar porque las capas son inagotables. Y luego, si aparece el lenguaje en la voz de los otros, voy con prisa a intentar significarlo. Al dejar ir ese intento, o fracasar en descifrar el murmullo en el que se convierte el lenguaje cuando este es solo un elemento más del juego, logro apreciar su cualidad sonora, y también su cualidad coreográfica. Encuentro consuelo en el tono y el matiz de las voces. Que se mueven, hacia una esquina y luego hacia otra, hacia lugares fortuitos, profundos y subterráneos. Que se ocultan, se superponen, se yuxtaponen, se diluyen. El lenguaje no aparece para determinar sino para sugerir y para asomar sin condicionar. En la escucha el lenguaje no es el centro. Me salvo de esa condena. El descubrimiento emerge del sonido más minúsculo e insospechado, el que aparece de pronto y sin previo aviso. De la sospecha que brota desde las entrañas del silencio. Si no escucho nada, entonces de pronto tengo una duda que inmediatamente se transforma en zozobra. Me pregunto es estoy en un lugar seguro, porque el sonido es una asidera. No hay nada que temer. En el silencio simplemente estamos más cerca del misterio. El misterio es mi lugar seguro. Hay sonidos que solo se intuyen, que solo se presienten y nunca se manifiestan del todo. Hay sonidos que solo se sienten en el cuerpo. Como vibración, como certeza. El sonido fuerte y violento suspende la inercia, me conecta con la naturaleza prístina de la mente. Desprovista del ego. La escucha se presenta como acontecimiento, como ese desplazamiento derridiano. Solo se necesitan unos minutos para percibir con vigor todo lo que no contemplamos. Las historias que nos contamos son tan diminutas. El que escucha se convierte en el no lugar, en el que se conforman esas sustituciones infinitas de signos. Afirmar el juego, dejar ir el sueño del “principio tranquilizador”. No hay principio y no hay fin. Las cosas no son, desde el tiempo sin principio. Si todo es ilusorio y falto de substancia sólida, entonces el mundo, la realidad, es un parque de juegos.
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